PERFUMES HISTÓRICOS: UN VIAJE FASCINANTE A TRAVÉS DE LOS SENTIDOS (PARTE 1)

No hay nada más evocador y más sensorial que un perfume. Las notas y acordes de algunas fragancias nos trasladan a lugares en los que nunca hemos estado antes. Otras despiertan nuestro lado más sensual. Hay perfumes que nos invitan a la irrealidad y la fantasía, que nos devuelven a la infancia; nos trasladan a épocas y costumbres lejanas o nos transmiten el espíritu vibrante de una ciudad. Los hay que nos meten de cabeza en el mundo creativo de la moda y otros son toda una declaración de principios.

Lejos de clasificaciones por familias olfativas; lejos de los perfumes nacidos como consecuencia del marketing, con su bombardeo abusivo de fragancias que se parecen unas a otras porque este o aquel acorde se pone de moda, quiero adentrarme en el mundo de las fragancias actuales más exclusivas, más auténticas. Son aquellas que aportan algo más; que cada vez que las hueles descubres matices insospechados que se te habían pasado de largo en otras ocasiones.

Es una invitación al disfrute de los sentidos de estas pequeñas (o grandes) obras de arte olfativas creadas por los mejores “narices” del mundo, afirmando que ninguna de ellas se merece una “encorsetación” en este o aquel apartado porque todas pueden ser a la vez intemporales, estar relacionadas con la moda, ser una declaración de principios de su creador, despertar nuestra sensualidad, representar a su generación, etc, etc, etc.

VIAJE A TRAVÉS DEL TIEMPO

El carácter intemporal de un perfume viene marcado por dos caminos distintos. El primero es la capacidad para adaptarse a cada época, década o sociedad. El segundo camino es el que han buscado determinados “narices” a la hora de crear una fragancia. Esto ha supuesto una  mirada a los inicios de la Historia del Perfume, a los ingredientes más ancestrales y a las costumbres de hace varios siglos.

Estamos en 1853, momento cumbre del desarrollo del Año de las Luces en París. La Emperatriz Eugenia de Montijo, esposa de Napoleón III, influye enormemente en la forma de vestir de la corte napoleónica. Es una mujer muy interesada en el mundo del lujo, por lo que encarga a François Pascal Guerlain la creación de un perfume exclusivo. Así surge Eau de Cologne Impériale de Guerlain, que refleja el esplendor del Segundo Imperio en su fragancia y en el diseño del frasco: las abejas del escudo imperial y del manto del Emperador. A partir de ese momento, la casa Guerlain se convierte en proveedor de la Real Casa, lo que hace que el resto de las coronas europeas también encarguen fragancias exclusivas. La fórmula de Eau de Cologne Impériale ha sido muy imitada desde entonces por todos los perfumistas por el carácter de modernidad que tiene. Se trata de una fragancia fresca, con notas de salida de hespérides y romero, y corazón de flor de azahar. El cuello de la botella reproduce las fuentes de los jardines del palacio del Louvre, residencia de los Emperadores, y el tapón lleva en relieve las olas de la caída del agua de sus fuentes.

El siglo XX ha conseguido hacer accesible el acceso a la moda y la cosmética de alta gama a todas las clases sociales y económicas. Las grandes marcas tradicionales parisinas cono Guerlain, Coty o Caron vieron cómo crecía su competencia con la aparición de vendedores que subcontrataban a profesionales procedentes de Grasse para que crearan y produjeran perfumes que serían comercializados bajo otras marcas. Eso dio lugar a la aparición de centenares de fragancias y aromas a precio muy asequible, así como las muestras para captar clientes, y el concepto de fragancia unisex, preconizado por la fragancia Jicky de Guerlain la pionera en 1889. Jicky fue el primer perfume que no quería imitar a ningún olor de la naturaleza. Creado por Aimé Guerlain en memoria de su gran amor, lo que quería era crear su propia atmósfera y para ello elaboraron un perfume combinando elementos naturales y sintéticos, lo que fue toda una revolución. En principio, fueron los dandies quienes se decantaron por la personalidad de su fragancia y por su ambigüedad olfativa, pero poco después serían las mujeres las que se lanzaron a usarla, influidas por la actriz Sarah Bernhardt que manifestaba su predilección por ella abiertamente.

L’Eau d’Hadrien de Annick Goutal nos sitúa en la memoria del libro Los viajes de Adriano, de Marguerite Yourcenar, que hace referencia a los viajes que hizo este emperador romano a las provincias del imperio. Su versión Les Nuits d’Hadrien nos remonta a la fragancia que desprenden los jardines de los palacetes Toscanos al atardecer y a la caída de la noche, cuando los aromas cobran intensidad.

En este viaje por los perfumes a través del tiempo no pueden faltar menciones a las grandes casas de perfumería de siempre que siguen tan vigentes como nunca, como son Roger&Gallet, cuyos orígenes se remontan a 1693, y en su haber cuenta con fragancias muy exquisitas. Las firmas inglesas Atkinson, que mantiene intacta su English Lavender desde 1801, y Penhaligon’s, nacida en 1870 de la mano de William Penhaligon y que todavía mantiene abierta su primera barbería en la londinense Chapel Street, nº 9, donde vende su clásica fragancia Blenheim Bouquet de 1902. La firma Fragonard, creada por un apasionado por la historia de la perfumería, Eugène Fuchs, en 1926, cuenta con tres museos, dos en París y uno en Grasse. Las firmas españolas también han hecho grandes aportaciones al mundo de la perfumería. Myrurgia, creada con vocación artística por Esteban Monegal, un intelectual novecentista catalán, basó el éxito de sus perfumes en la calidad de sus fragancias y la representación artística y creativa de los frascos, envases y publicidad; la casa Gal también obtuvo un gran éxito con Agua de Pravia en 1905, que se sigue vendiendo en la actualidad; así como la firma Puig, con Agua Lavanda, creada en plena posguerra española.

INTEMPORALIDAD Y MODA

Ya comenzado el siglo XX, fueron Jean Patou y Coco Chanel los primeros modistos que quisieron tener un perfume propio. Ese fue el primer acercamiento del mundo de la moda y la belleza que ha dado lugar de la aparición del concepto “tendencia” como lo entendemos hoy en día, como una estética que lo abarca todo y que vibra al son de su época. ¿Cuáles han sido las claves para que una fragancia surgida de la moda traspase la barrera del tiempo y se convierta en intemporal? No existe ninguna fórmula mágica conocida (valdría millones), pero sí quiero reflexionar sobre aquellas que el tiempo no las ha envejecido, sino que las ha mitificado, por su carácter de autenticidad, entre otras características.

Destapar un frasco de Chanel Nº 5 es entrar directamente en la leyenda del perfume más vendido del mundo. Es adentrarnos en los vertiginosos años 20, en el lujo de los Ballets Rusos, en las líneas depuradas de los constructivistas y en la moda revolucionaria de Coco Chanel. De las diferentes versiones que existen hoy día: eau de toilette, eau de parfum, elixir y parfum, es esta última la que mantiene intacta la composición que hiciera Ernest Beaux, en 1921, por encargo de Mademoiselle Chanel. Ella quería crear “un perfume de mujer con aroma de mujer“; quería crear una fragancia única, que no se pareciera a ninguna otra y que no usara componentes habituales de la perfumería de los años 20. Las materias primas más preciadas para la versión original fueron: Ilang Ilang de las Comoroes y Nerolí de Grasse en sus notas de salida; Rosa Centifolia (o Rosa de Mayo) y Jazmín, ambos de Grasse, en las notas centrales; y estela de Vainilla, Sándalo y Vetiver de Borbón. Beaux utilizó, por primera vez en la Historia de la Perfumería, los aldehídos, unos cuerpos sintéticos muy volátiles que aportan un carácter aéreo a las notas florales. ¿El resultado? Un perfume que ha marcado un antes y un después en la historia de la perfumería.

El año 1947 constituyó un punto de inflexión en el mundo de la moda con la presentación de la primera colección de Alta Costura de Christian Dior, bautizada con un nombre de flor: Corolle. Este hito histórico coincidió, además, con el lanzamiento de su primer perfume, Miss Dior, en el que intervino muy directamente. Él mismo dijo sobre su lanzamiento: “Un perfume es una puerta abierta a un universo recuperado. Me he hecho perfumista a fin de que baste con destapar un frasco para ver surgir todos mis vestidos y para que cada mujer a la que yo visto deje tras ella una estela de deseos. El perfume es el complemento indispensable de la personalidad femenina, es el toque final de un vestido“. La fragancia se presentaba en un frasco de cristal de Baccarat que llevaba tallada la pata de gallo característica de sus creaciones de moda y fue creada por Jean Carles, de la firma Roure, y Paul Vacher. Las primeras notas son gardenia y aldehídos, las notas medias son jazmín, rosa, narciso e iris; la base está compuesta de patchulí, láudano, sándalo, vetiver y almizcle, entre otras esencias.

Ese mismo año, Roberto Ricci, hijo de la célebre modista Nina Ricci, junto con el “nariz” Francis Fabron, lanzó el segundo perfume de la casa, L’Air du Temps, que ha llegado intacto hasta nuestros días. Se mire por donde se mire, es una obra de arte. El frasco es una creación de Lalique y la fragancia es una exquisitez, con notas de salida cítricas y palo de rosa; corazón de lilas, gardenias, rosa, muguet y jazmín; y base de sándalo, almizcle, con un toque de clavel.

Ya en la década de los cincuenta, Estée Lauder, ya asentada en el mundo de la cosmética, decide comenzar su andadura en el mundo de las fragancias. Ella conoce muy bien la idiosincrasia de su país y sabe que las mujeres raramente compraban un perfume porque eso lo hacían los prometidos o enamorados, por lo que no era fácil cambiar una norma de comportamiento tan femenina. En 1953 ideó la creación de un aceite de baño con una fragancia muy intensa que durara todo el día. Así nació Youth Dew (Rocío de Juventud) convirtiéndose en todo un éxito de ventas. Cuatro años más tarde, en 1957, y animada por los dueños de los grandes almacenes en los que se podía comprar la fragancia, convirtió su aceite de baño en perfume. Justo al mismo tiempo, Hubert de Givenchy decidió comercializar el perfume que había creado en exclusiva para su musa Audrey Hepburn, a pesar de su oposición: “¡Mais c’est mon parfum, c’est interdit!” (“¡Pero es mi perfume. Está prohibido!“). Sin quererlo, ella misma había dado nombre a su fragancia, L’Interdit, todo un homenaje por parte de Hubert y Audrey hacia sus adoradas flores.

La firma francesa Lancôme fue creada por Armand Petitjean, uno de los perfumistas que trabajaban con François Coty, en la década de los 30’, pero no es hasta 1946 cuando lanzó las primeras versiones del perfume Trésor. El lanzamiento definitivo de la fragancia se produce casi cincuenta años después, en 1990, siendo considerado uno de los mejores perfumes del siglo XX. Mientras tanto, es mención obligatoria citar también su fragancia Ô de Lancôme (1969) como una de las que produjeron un gran cambio en los gustos de las mujeres, acercándose a un público muy joven en una década marcada por la rebeldía, la ruptura y la creación de nuevos códigos por una modernidad que quería alejarse de los gustos de sus mayores y se decantarse por fragancias frescas, con notas hespérides, herbales y fondos amaderados. Un año después, la casa Rochas (creada por Marcel Rochas en 1925) presentó Eau de Rochas y ambas fragancias siguen estando entre las más vendidas de todo el mundo.

Anaïs Anaïs de Cacharel fue la primera fragancia que lanzara el modisto Jean Bousquets, apodado como Mr. Cacharel, en 1978. Este modisto convirtió su marca muy rápidamente en una de las preferidas por los jóvenes de la década de los 70’ gracias a sus camisas de flores sin costuras. Se lanzó al mercado del perfume de la mano de L’Oréal y su fragancia estiene un aroma romántico y dulce con notas de naranja, jazmín, iris, cedro y sándalo. Se eligió la opalina blanca para su frasco porque sugería inocencia y delicadeza. Sin embargo, la controvertida década de los 70 tiene otro referente en moda y perfumería que es obligatorio… Yves Saint Laurent. Ya consagrado como modisto de éxito, en 1971, decidió abrir una boutique en la famosa Rive Gauche, barrio de bohemios y artistas que no tenía nada que ver con la zona en el que se asentaban las grandes firmas del lujo francés. Para rendirle tributo, presentó un perfume con ese mismo nombre con un diseño de frasco que se parecía al de un bote de desodorante, lo que suponía una ruptura con la tradición de cristal anterior. Con las franjas azules, negras y plata características de sus creaciones en moda, la fragancia, muy imitada, sigue estando de rabiosa actualidad.

La pregunta es, ¿qué diseñador ya consagrado no desea perdurar en el tiempo a través de su propia fragancia? La lista es larga. El español Paco Rabanne ha cosechado grandes éxitos con sus perfumes, marcando verdaderos hitos que han trascendido durante décadas, como es el caso de Calandre (1969). La firma Loewe se adentraba en los recovecos de la perfumería en 1972, con L de Loewe, una fragancia muy urbana que tuvo muy buena aceptación. Con Aire, en 1985 dio en el clavo por su fragancia ligera y floral. Pero es Esencia Loewe para hombre (1988) la fragancia que mejor representa los valores de calidad de la firma de moda: armonía, lujo y sensualidad elegante. También fue en la década de los 70 cuando hace su incursión en el mundo de la perfumería el diseñador Ralph Lauren con Polo (hombre) y Lauren (mujer). Ambas fragancias reflejaban a la perfección su visión de la estética sport que triunfaba durante esos años. Lo curioso de esta firma es que ha variado muy poco su estética durante más de tres décadas y sigue conectando con un público muy fiel que ve incorporadas a sus filas nuevas generaciones.

Algunos de los grandes diseñadores actuales no han querido perder la perspectiva del tiempo a la hora de adentrarse en el mundo olfativo. Marc Jacobs creó su primer perfume en 2001, Marc Jacobs Perfume, buscando imprimir en él su sello de sensualidad, clasicismo y juventud que tienen sus creaciones de moda, por eso se inspiró en elementos clásicos de la perfumería. La frescura de su moda está representada por la fragancia de la gardenia flotando en el agua y la sensualidad llega de la mano de los almizcles cremosos. Cuando Miuccia Prada se planteó la creación de su fragancia Prada (2004), tuvo claro que buscaría primero en los ancestros de la perfumería tradicional porque quería una interpretación moderna de antiguos aceites esenciales. Para ello ha sido desarrollada por Max Gavarry y Carlos Benaim, de International Flavors and Fragrances (IFF), utilizando aceite de sándalo de la India (nota amaderada), patchulí de Indonesia (nota radiante), resina de Labdanum de Francia (nota de ámbar muy sensual) y Benjuí de Siam (nota parecida a la vainilla que produce efecto de bienestar). Otra mirada diferente hacia los orígenes de la perfumería es la que llevó a cabo Jean Paul Gaultier con su fragancia Gaultier 2. Como todas sus creaciones, tiene ese punto de modernidad  provocadora aunque esté inspirada en el siglo XVIII, cuando los perfumes se hacían para la piel, sin diferenciar géneros. Es en este momento histórico cuando los “libertinos”, antiguos esclavos, reciben la carta de liberación y se convierten en grandes amantes de los placeres humanos, sobre todo, de los relacionados con el amor, bajo la máxima: “disfruta hoy, porque mañana todo puede acabarse“. Tres notas clave componen la fragancia: almizcle, ámbar y vainilla, sin pirámide olfativa, y por tanto, manteniendo el mismo aroma de principio a fin. Tres notas dotadas de sensualidad y sexualidad que comenzaron a utilizase en el siglo XVIII para seducir. El diseño del frasco está inspirado también en las claves que utilizaban los amantes cuando se enviaban mensajes de amor codificados en frascos de perfume. Y la atracción de la piel… está representada por el imán que une los dos frascos de Gaultier 2.

Otras propuestas en perfumería relacionadas con la moda están impregnadas por símbolos que son muy reconocibles por todos, lo que facilita la compra de un perfume por identificación con una marca determinada. Es el caso de la camiseta de rayas marinera característica de Gaultier que utiliza en Le Male o el corsé de Classique. El legendario cocodrilo de los polos de Lacoste para su fragancia Essential, tallado en el frasco. La V de Valentino da forma al frasco de esa fragancia. Las rayas estilo british de Paul Smith forman parte del diseño del frasco de su fragancia Extreme. Los famosos estampados de los pañuelos de seda, conocidos como carrés, de Hermés se convierten años tras años en el motivo gráfico de exquisitas ediciones limitadas de su fragancia 24, Faubourg. Dolce & Gabbana imprimieron sus célebres estampados de leopardo y cebra en su perfume By. Roberto Cavalli ha hecho lo mismo con su estampado cebra en el frasco su fragancia homónima. La fragancia Pure de Jil Sander es toda una declaración de intenciones de la diseñadora y nos remite a sus propuestas más minimalistas sobre la moda. Por último, los diseñadores Viktor & Rolf, con su FlowerBomb, nos lanzaron una granada de flores que encierra los poderes mágicos de sus surrealistas diseños. ¿Quién ha podido resistirse a esta tentación?

Continuará…

¿ERES FIEL A ALGUNA DE LAS FRAGANCIAS QUE HE CITADO EN MI RECORRIDO HISTÓRICO?

¿TE GUSTA USAR UN PERFUME QUE VAYA ACORDE CON TUS FIRMAS FAVORITAS DE MODA?